Con HHI de 0,978 y tres socios activos, la energía importada por Brasil opera sin alternativas reales — riesgo que el tratado de Itaipú hace visible.
98,9%. Esa es la porción de Paraguay en las importaciones brasileñas de energía eléctrica en el primer cuatrimestre de 2026, según datos del MDIC ComexStat. Tres socios tienen flujo positivo en el registro. Los otros dos juntos no llegan al 2%.
El número llama la atención, pero la historia detrás es más estructural que coyuntural. La energía importada por Brasil viene casi íntegramente de Itaipú — la hidroeléctrica binacional construida al amparo del tratado de 1973, que fija cuotas, precios y reglas operativas entre los dos países. El HHI de 0,978 — donde 1,0 sería monopolio absoluto — refleja un arreglo bilateral deliberado, no una falla de gestión de compras.
Itaipú tiene una capacidad instalada de 14.000 MW dividida entre Brasil y Paraguay. Brasil usa la mayor parte de su cuota. Paraguay vende el grueso de la suya, que no necesita internamente, de vuelta a Brasil bajo las condiciones del tratado. Esa estructura contractual — no el mercado abierto — explica por qué los US$ 910,7 millones del capítulo fluyen casi todos por un solo corredor.
El argumento a favor de la concentración es claro: la energía de Itaipú es renovable, barata en costo amortizado y geográficamente cercana a las redes del sur y sudeste brasileños. La inversión de construcción está totalmente amortizada. Lo que se negocia ahora es cómo dividir el excedente — y ahí es donde la dinámica bilateral se vuelve políticamente sensible.
El otro lado es difícil de ignorar. Con apenas tres socios activos y capacidad de respaldo prácticamente nula, cualquier interrupción en el suministro paraguayo — mantenimiento forzado, sequía o una ruptura negociadora — deja a Brasil sin sustituto inmediato a volumen comparable.
El punto de presión real es el Anexo C del Tratado de Itaipú, cuyo plazo original venció en 2023. Las negociaciones sobre la compensación que Paraguay recibe por su cuota no utilizada siguen sin resolución pública clara. El resultado definirá el costo y la seguridad del suministro por las próximas dos décadas. Paraguay ha señalado en distintos foros que considera insuficiente la compensación actual — y su poder de negociación crece a medida que queda más claro el valor del excedente de la represa.
En perspectiva regional, Argentina puede exportar electricidad a Brasil en situaciones específicas, pero enfrenta restricciones crónicas de generación y distribución internas. Uruguay tiene menor escala. Dentro de Brasil, la expansión solar y eólica viene reduciendo el peso de la importación en la matriz total — lo que podría, en un horizonte plurianual, disminuir el peso estratégico de Paraguay como proveedor externo. Ese cambio se mide en años, no en trimestres.
Por ahora, la realidad práctica es directa: ningún país de la región puede absorber el volumen paraguayo a precio comparable. La concentración es racional, pero también es un punto único de falla estructural.
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