La importación de febrero suma US$ 38,6 millones, un 64,8% por debajo del promedio histórico de US$ 109,7 millones para el mes en tres años.
Las importaciones brasileñas de trigo argentino en febrero de 2026 quedaron muy por debajo de lo habitual para el mes. El valor comprado fue de US$ 38,6 millones, frente a un promedio histórico de US$ 109,7 millones para febrero en los últimos tres años — una desviación de -64,8%. Es una cifra que llama la atención justo porque rompe con el patrón que el propio historial del corredor ya había establecido.
Febrero suele traer volumen moderado de trigo argentino porque el pico de embarque de la cosecha del vecino cae en diciembre y enero. Aun así, el promedio de los últimos tres años para el mes suma US$ 109,7 millones, un nivel que refleja stock de paso siendo colocado. Mientras tanto, los molinos brasileños esperan la nueva cosecha doméstica, que se levanta entre agosto y noviembre en el Centro-Sur. El trigo argentino históricamente cubre buena parte de esa entresafra brasileña, sobre todo en el sur, la región más cercana logísticamente a la frontera, y suele abastecer una fracción relevante de los molinos fronterizos.
Este año rompió el patrón. El valor de febrero quedó apenas por encima de un tercio del promedio histórico, una caída que no se explica solo por la estacionalidad normal, ya que la entresafra argentina ya estaba incorporada en el cálculo del baseline. Esa brecha entre lo esperado y lo observado es justamente lo que define un desvío estacional real, no una simple caída de temporada.
Una hipótesis es retención de venta del lado argentino. Los productores locales podrían estar reteniendo stock a la espera de mejor cotización en pesos, un movimiento recurrente cuando la inflación argentina erosiona la moneda más rápido de lo que sube el precio internacional del grano. Otra es sustitución de origen: los molinos brasileños podrían haber buscado trigo de Estados Unidos o de stock nacional, estirando la cobertura de la última cosecha brasileña más allá de lo habitual. Una tercera posibilidad es logística, con algún atraso puntual de embarque en el paso fronterizo seco entre los dos países.
También vale considerar el tipo de cambio. El peso argentino operó bajo presión cambial recurrente en los últimos años, lo que a veces frena la exportación formal mientras el mercado paralelo absorbe parte de la oferta. Ninguna de estas causas está confirmada en los microdatos del MDIC — son hipótesis plausibles, no un veredicto, y el próximo trimestre debería ayudar a determinar cuál pesa más.
Un solo mes fuera de la curva puede ser ruido estadístico, no un cambio estructural. El acumulado de 2026 hasta julio, comparado con el mismo período de 2025, mostrará si febrero fue una excepción puntual o el inicio de una retracción más larga en la dependencia brasileña del trigo argentino. Si marzo y abril repiten el patrón de caída, la hipótesis de sustitución de origen gana fuerza, y el corredor argentino corre riesgo de perder participación de forma permanente.
Fuente: MDIC ComexStat.
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