Las exportaciones de café brasileño a EE. UU. cambiaron de régimen en 2026: el promedio mensual cayó 36,6% y el nuevo nivel ya lleva seis meses sostenido.
El café brasileño que llega a su mayor comprador entró en un régimen distinto. Entre enero y junio de 2026, el promedio mensual de exportaciones a Estados Unidos se ubicó en US$ 123,9 millones, 36,6% por debajo del promedio de US$ 195,5 millones que regía antes de la quiebra. No es un mal mes aislado: el análisis de punto de cambio (change-point) marca el 1 de enero de 2026 como la fecha en que la serie cambió de nivel, y no volvió atrás.
Antes de la quiebra, el embarque mensual promediaba más de US$ 195 millones, un flujo que sostenía buena parte del ingreso cafetero brasileño ligado a su cliente más grande. Tras enero, el promedio bajó a US$ 123,9 millones, una brecha de unos US$ 72 millones mensuales en comparación directa. En seis meses de nuevo régimen, la diferencia acumulada frente a la tendencia anterior supera medio billón de dólares (en la nomenclatura corta, más de US$ 500 millones).
Ninguna causa está confirmada, pero tres hipótesis estructurales merecen atención. La primera es cambiaria: un real brasileño más fuerte a inicios de año encarece el café brasileño en dólares para el comprador estadounidense, empujando parte de la demanda hacia orígenes competidores como Colombia y Vietnam. La segunda es de inventario: los tostadores estadounidenses pueden haber reducido reposición tras un ciclo de compras anticipadas en 2025, generando un efecto base que parece caída pero es normalización. La tercera es logística — el café es estacional, y una merma de cosecha o demora portuaria en Santos altera el ritmo de embarque sin cambiar el volumen anual.
Lo que confirmaría que los US$ 123,9 millones mensuales son el nuevo normal, y no un valle pasajero, es que el patrón se sostenga en el segundo semestre. Las cadenas ligadas al café — cooperativas del Cerrado en Minas Gerais, exportadoras de Santos, tostadores dependientes del mercado estadounidense — harían bien en monitorear si la presión cambiaria persiste o si la demanda estadounidense está migrando de origen en silencio. Un segundo trimestre que repita el mismo promedio cerraría el argumento de que esto es estructural, no estadístico.
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