Casi la totalidad del maíz importado por Brasil viene de un solo vecino. La concentración del 97% en Paraguay expone la cadena de alimentación animal.
En 2025, la dependencia de Brasil del maíz paraguayo alcanzó un nivel sistémico. Datos de comercio exterior muestran que el 97,3% de todas las importaciones brasileñas de maíz provinieron de un único origen: Paraguay. El flujo totalizó US$ 315,7 millones, consolidando una de las relaciones comerciales más concentradas del agronegocio regional.
El índice de Herfindahl-Hirschman (HHI) para este mercado es de 0.946, una cifra que bordea el monopolio absoluto. Aunque ocho países exportaron maíz a Brasil durante el período, su participación conjunta fue inferior al 3%. Esta estructura no es accidental, sino el resultado de una lógica económica y geográfica afinada durante años.
La vulnerabilidad es la lectura inmediata, pero la eficiencia es la causa fundamental. La proximidad geográfica de Paraguay con los estados del sur y centro-oeste de Brasil, grandes consumidores de maíz para la industria de proteína animal, crea una ventaja logística imbatible. El transporte terrestre y fluvial a través de la hidrovía Paraná-Paraguay reduce costos y tiempos de entrega de manera drástica en comparación con alternativas transoceánicas.
Además, los acuerdos del Mercosur eliminan barreras arancelarias, haciendo que el producto paraguayo sea estructuralmente más competitivo que el de orígenes como Estados Unidos o Ucrania. Las cosechas de ambos países también son complementarias. La safrinha paraguaya suele estar disponible en el mercado justo cuando la demanda brasileña interna aprieta antes de su propia cosecha principal, creando una simbiosis que estabiliza el suministro para la alimentación de aves y cerdos.
Si el grifo paraguayo se cerrara o redujera su flujo —por una sequía severa, problemas logísticos o una decisión política—, las opciones para Brasil son limitadas y más caras. El sustituto natural es Argentina, otro miembro del Mercosur y un productor global de primer nivel. Sin embargo, su participación actual es marginal y un aumento súbito de la demanda brasileña presionaría los precios y la capacidad logística argentina.
Fuera del bloque regional, el siguiente proveedor viable sería Estados Unidos. Esta alternativa implica un cambio modal completo, del transporte terrestre/fluvial al marítimo, con costos de flete significativamente más altos y tiempos de tránsito de semanas en lugar de días. La necesidad de recurrir al mercado norteamericano impactaría directamente en los costos de la cadena de proteína animal, un sector clave para la balanza comercial brasileña.
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